Hermoso, me decías.
La ternura se dibujaba en tus besos,
y en tus ojos brillaba la inocencia
cuando con tus manos suaves
acurrucabas cadente mi sexo.
Hermoso, repetías.
Mi cabeza sólo se preguntaba qué eras,
porque detrás de esa sonrisa
los demonios no se pueden esconder.
Ninguno de ellos soportaría tanta fragilidad...
Hermoso...
Pero los ángeles no pueden llegar a tanto.
¿Habrás escondido tus alas aquella noche mágica?
¿O las habrás sacrificado para vagar entre los mortales,
para hacerte invisible y desaparecer?
Hermoso... hermoso...
Un perfecto sincronismo
envolvió nuestros cuerpos transpirados.
Nos dejamos caer en la cama que parecía flotar...
Te pasé mi mano por la frente,
secándote el frío sudor...
Hermoso, te susurré...
Te recostaste sobre mi pecho y te abracé.
Acaricié las extrañas cicatrices de tu espalda,
y besando tu sonrisa dormida,
le agradecí a esa extraño dios del que escapaste
para descansar junto a mí de tu eterno viaje...
viernes, 28 de septiembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Hola Martin queria decirte que realmente estoy impresionado por todo tu ser interior y me gustaria poder compartir algunos textos tuyos con mis amigos de mi blog. si quieres puedes darte una vuelta por el mismo y ahi decirme si puedo colocar un escrito tuyo, con tu copyright obviamente. gracias por tu tiempo
Matias
(http://matutesf30.blogspot.com)
Publicar un comentario