que tu piel
recuerde
el espontáneo recorrido de mis besos
sobre la fragilidad de tu espalda;
la presión de mis manos
tomándote por la cintura;
la búsqueda convulsiva de mi cuerpo
en pos del tuyo,
empapados en sudor
y en la más tierna y delirante locura.
mi piel
ya conoce
el calor de tus labios
sobre quien decide
la etrepitosa propagación de la especie.
ansioso él espera
[como siempre]
que un dulce y suave estertor
inmortalice
tan efímero momento
en los majestuosos libros
de la memoria
y del placer.
lunes, 13 de septiembre de 2010
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