dormías.
me pregunto
cómo acaso
no sentías
las caricias
de mis ojos
recorriéndote
los hombros,
mi respiración
colándose
por el cuello,
ni el tictac
desenfrenado
del corazón.
y sin embargo
creo lo sabías.
echémosle la culpa
a las sábanas:
después de todo
fueron ellas
las que no querían
desenvolverte.
Martín Toyé © 2011
Junio 2011
jueves, 23 de junio de 2011
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