las palabras
eran un lenguaje
arcaico, secreto,
quizá prohibido.
pero en susurros
nos entendíamos.
el cálido aliento
que se nos escapaba
al pronunciar
nuestros nombres
ponía la alquimia
al
brebaje místico
de
nuestros cuerpos.
Martín Toyé ©
octubre 2011
derechos reservados
octubre 2011
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