Silencio de la noche.
Cuerpos clandestinos
se devoran feroces
para alimentarse del deseo.
Piel que sabe a dulces.
(¿A qué te sabrá mi cuerpo?)
Y manos. Y pies.
Y sexo. Y ser.
Presto amanecer.
Permanecemos tendidos
en un lecho nauseabundo;
caníbales de bajos instintos
ahítos de este sabroso placer.
lunes, 8 de octubre de 2007
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