lunes, 8 de octubre de 2007

Redención

Me doblegué. Sí. Abdiqué.
Entregué mis armas
a la arrogancia de tu sexo,
al guerrero que me enfrentaba
con ímpetu, con ansias;
al caballero que llevaba todo por delante
destruyendo cada rincón de mis tierras,
explorando cada pueblo de mi piel.
De punta a punta me recorriste,
sí,
buscando vencerme.
Y lo hiciste. Y me entregué...
Para tenerte ahora
rendido,
tendido desnudo
durmiendo a mis pies...

No hay comentarios: