silencio de un sábado.
extraña madrugada aquella
en la que los labios
se encontraron.
te seguí hasta tu altar
sin decirnos nada.
fue allí donde mis manos
se dispusieron a explorar
los valles y colinas
de un cuerpo casi virgen,
invitándome a descubrir
los indómitos rincones de su piel;
me permití beber el sudor
del caduco bosque de tu pecho.
allí planté, sin objeción,
la primera bandera de la conquista.
y entre susurros indescifrables
creí escuchar mi nombre.
(¿habrás entendido cuando te bendije?)
las manos continuaban su viaje,
asombradas al suave tacto de tu tierra.
todo tu ser comenzó a avanzar
sobre este viejo continente sin ilusiones
que poco tenía para mostrarte.
y los dos mundos
se encontraron y reconocieron,
cada uno tomando posesión del otro.
ya no importaban
la conquista ni la batalla.
éramos entonces una barca
que se columpiaba
sobre el blanco mar
de un nuevo mapa.
Martín Toyé ©
Julio 2011
Derechos reservados
sábado, 23 de julio de 2011
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